Labor Materia
Información

Labor Materia es un proyecto en torno a las artesanías y sus perfiles desde un contexto contemporáneo, donde las propuestas se convierten en procesos de diálogo y creación transgeneracional, adoptando diferentes formatos según la disciplina y variando sus resultados en cada ejercicio.

 

El proyecto se inicia en 2024 con un ciclo de exposiciones y una serie de actividades participativas alrededor de ellas. Cada muestra contó con su propia inauguración, generando un espacio de reflexión donde dialogar sobre las obras y trabajos expuestos. Un proyecto dinamizador que propone reivindicar las artesanías y otras disciplinas creativas, interviniendo la sala de exposiciones del Cabildo de El Hierro como escenario de experimentación y con una visión de continuidad donde expandirse en otros formatos.

 

En 2025 el proyecto se concibe como un espacio desde el que explorar los oficios y materiales. Entre octubre y diciembre se desarrollaron una serie de inauguraciones, encuentros y actividades paralelas en las que compartimos junto a diferentes agentes locales e invitados, ejercicios colectivos en torno a la lana y la piedra. Una propuesta que investiga los vínculos entre materia y memoria, invitando a construir un archivo común a partir de los saberes, prácticas y transformaciones asociadas a estos materiales en un contexto territorial.

Equipo
Concepto y dirección del proyecto:
Ampi Aristu
Octavio Barrera

Coordinación de la web:
Ampi Aristu
Octavio Barrera
Dani Millán
Iván Santana
Aythami Santana

Diseño gráfico:
Santanasantana

Programación web:
Aurora Saseta

info@hisla.org 
@hisla_org

Un proyecto de:

Actividad subvencionada por el Ministerio de Cultura:

Con la colaboración de:

©Labor Materia 2026
Filtros
2024
2025
Barro
Caña y mimbre
Lana
Madera
Piedra
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Cuarta muestra

Envoltura, Envolver, ¿En-Volver?
Lana
Fechas y espacio
23 Octubre – 18 Noviembre 2025
Sala de exposiciones del Cabildo de El Hierro
Participantes
Beatriz Ballester

Los pastores de El Hierro han sido tejedores de caminos que deambulaban por la isla como quien recorre un libro abierto escrito en la memoria de los Viejos. Auténticos guardianes del silencio que sabían leer el territorio en las estrellas y las fibras de la lana. Sabían también que cada oveja era única y especial, que merecía ser llamada por su nombre y color –bermeja, bremeja, pintada, pintada berrenada, berrenda, blanca, blanca reblanca, firanca, blacafiranca, careta, chocalla, cogoteja, cómbaca, combaca jumenta, embracafiranca, ambracasa, entojada, manajaisa, exínafa, lora, melada, jorana, majorera, manchada, matusca, mérusa, negra, omana, omanamástuca, pípana, píntada, píntada berrenada, rebosada, cogojeta, sínafa, tarrajona o morada–*. Los antiguos que habitaban la intemperie y la lejanía sabían que cada oveja llevaba escrita en el lomo una historia distinta y que nombrarla era reconocer su singularidad y diferencia.  En esa enumeración de vocablos ancestrales no había una clasificación metodológica, sino un acto de cuidado y sabiduría heredada que impedía que cada oveja se diluyera en la masa del rebaño. Cada nombre era una forma de gratitud y cariño porque la diversidad es riqueza y abundancia.

 

La lana conecta lo animal y lo humano, lo ancestral y lo simbólico, lo sagrado y lo pagano, lo que fue y lo que aún puede ser. En las mantas y talegas pervive la memoria del cuerpo de ovejas y carneros, un vellón que se va trenzando y curtiendo en un pulso pausado con el territorio mientras absorbe el sol que cae sin prisa y la humedad que se queda a vivir entre sus fibras. La lana nació para abrigar-nos, aprendió   a guardar el calor, los gestos, nuestras historias y en cada hebra queda impresa la respiración del animal, el ritmo de su caminar y la paciencia con la que habitó el paisaje.

 

Los telares en el Hierro han sido abrigo y supervivencia, refugio para generaciones de mujeres que sentadas frente al hilo sostuvieron la vida mientras el mundo sucedía fuera. En su movimiento mecánico se guardan memorias y en los surcos de la piel canciones susurradas, duelos contenidos y saberes transmitidos sin papel. Tejer es un gesto que las manos reconocen como propio, un acto pausado que parece pequeño, casi doméstico, donde hebra a hebra el tejido se construye sin ruido, sosteniendo el tiempo necesario para que algo tome forma y figura. Tejer es volver a la mueca aprendida, al movimiento repetido por manos distintas que lavan, carminan, cardan, hilan y construyen futuro trabajando sin urgencia. Tejer es decidir unir en lugar de separar, reparar en lugar de desechar y permanecer cuando todo invita a pasar de largo y olvidar. Hebra a hebra, el tejido como una forma de vida se construye en silencio, convocando tiempo, atención y presencia siendo en esa repetición paciente, como respirar, donde el hilar se convierte en una forma de posicionarse en una política del cuidado, del vínculo y la atención a lo frágil.

 

Hoy la lana cae al suelo convertida en peso inútil, sin destino, en algo que parece que estorba, se amontona en sacos o se abandona en el campo como si ya hubiera cumplido su función primera de abrigar al animal. Pero en su en-volver la lana también transporta, porque entre sus fibras viajan semillas casi invisibles que se enganchan al caminar del rebaño y el roce con la tierra. Esos embriones también guardan la memoria de la manada y el pastor, del monte y la lluvia, la trashumancia y el regreso, el arriba y el abajo, el antes y el después. La lana se convierte así en fragmentos de paisaje, en portadora de posibilidades y promesas sembradas que están por germinar.

 

(*) Un caso de Bilingüismo en canarias: Los nombres de color de ovejas y de cabras en la isla de El Hierro, 2000. Maximiano Trapero. Editado Cabildo de Gran Canaria.

Textos de muestra:
Alexis W

Fotografías proceso y obra:
Ampi Aristu

Fotografías inauguración y clausura:
Marcos de Paz