Labor Materia
Información

Labor Materia es un proyecto en torno a las artesanías y sus perfiles desde un contexto contemporáneo, donde las propuestas se convierten en procesos de diálogo y creación transgeneracional, adoptando diferentes formatos según la disciplina y variando sus resultados en cada ejercicio.

 

El proyecto se inicia en 2024 con un ciclo de exposiciones y una serie de actividades participativas alrededor de ellas. Cada muestra contó con su propia inauguración, generando un espacio de reflexión donde dialogar sobre las obras y trabajos expuestos. Un proyecto dinamizador que propone reivindicar las artesanías y otras disciplinas creativas, interviniendo la sala de exposiciones del Cabildo de El Hierro como escenario de experimentación y con una visión de continuidad donde expandirse en otros formatos.

 

En 2025 el proyecto se concibe como un espacio desde el que explorar los oficios y materiales. Entre octubre y diciembre se desarrollaron una serie de inauguraciones, encuentros y actividades paralelas en las que compartimos junto a diferentes agentes locales e invitados, ejercicios colectivos en torno a la lana y la piedra. Una propuesta que investiga los vínculos entre materia y memoria, invitando a construir un archivo común a partir de los saberes, prácticas y transformaciones asociadas a estos materiales en un contexto territorial.

Equipo
Concepto y dirección del proyecto:
Ampi Aristu
Octavio Barrera

Coordinación de la web:
Ampi Aristu
Octavio Barrera
Dani Millán
Iván Santana
Aythami Santana

Diseño gráfico:
Santanasantana

Programación web:
Aurora Saseta

info@hisla.org 
@hisla_org

Un proyecto de:

Actividad subvencionada por el Ministerio de Cultura:

Con la colaboración de:

©Labor Materia 2026
Filtros
2024
2025
Barro
Caña y mimbre
Lana
Madera
Piedra
//

Quinta muestra

Gravedad y fricción. La pared habitada
Piedra
Fechas y espacio
27 Noviembre – 11 Diciembre 2025
Sala de exposiciones del Cabildo de El Hierro
Participantes
Noemí Tejera

Isla de Ferro es una tierra con alma de lava, un paraje de belleza áspera y corazón de galga rota donde el territorio insular se eleva en el mar como una superficie herida, consolidada y tallada por el fuego.  Aquí el volcán no es solo origen geológico sino un útero simbólico donde la isla emerge endurecida y fragmentada, donde las piedras son memoria del incendio y una promesa de permanencia. 

 

Galga, risco, tabona, boliche, laja, lajón, lajita, esquina, bimba, tosca, callado, molinera, bomba, tenique, matacán, roca, roque, raja, machango, cerda, tolmo, cabeza, cara o piedra son formas y maneras que tienen los insulares para referirse a la corrida petrificada del volcán.  Esta rica nomenclatura no es un simple inventario mineral sino una gramática del territorio, el testigo y pervivencia de una manera de habitar y domesticar un paisaje salvaje y primigenio. Cada término revela una cultura que necesitó aprender a leer y entender el escenario isleño como la única manera de amansarlo y hacerlo habitable. Esta cantidad de nombres con que los herreños clasifican o se refieren a las semillas del volcán, hablan de un conocimiento profundo del suelo que pisan, donde la jerga se vuelve una herramienta de precisión, como si cada tosca fuera una palabra bien colocada en el lenguaje de la pared.

 

Descifrar el idioma de las tabonas implica aceptar su silencio porque no hablan con palabras, sino con peso, textura, forma, tamaño o color.  Su dureza y resistencia no son sólo propiedades físicas, sino que forman parte del imaginario colectivo, porque la identidad insular se ha forjado en esa tensión entre fragilidad y resistencia.

 

La isla está llena de paredes y portillos que re-dibujan el paisaje, líneas de contención que atraviesan laderas, cruzan montañas y trazan caminos. No son solo fronteras o muros que excluyen sino estructuras que ordenan y hacen posible la vida en una tierra que siempre espera el milagro de la lluvia. Detrás de esta forma de poblar existe una ética del esfuerzo. Generaciones y generaciones de herreños han reverenciado sumisos el suelo que pisan, agachando el lomo y recogiendo fragmentos dispersos, ordenándolos piedra sobre piedra para tejer en ese gesto repetido y casi litúrgico una forma de ser y estar. Aquí domesticar el territorio no ha sido someterlo sino escucharlo, porque cada pared es el resultado de un acuerdo necesario entre la gravedad y la voluntad humana, donde las manos buscan el encaje preciso y el equilibrio improbable. En El Hierro las paredes se han levantado como una aspiración de permanencia, como una obra coral donde el tiempo y una sabiduría natural han sido los principales arquitectos. Caminar entre los caminos abrazados por estos muros es transitar por el recuerdo de un universo donde las bimbas alineadas con paciencia y aparente desorden son restos de una memoria que sigue organizando el silencio y la mirada.

 

Habitar esta roca rodeada de agua y azul implica reconocer el suelo como límite en una patria pétrea donde no hay arquitectura del exceso ni floritura sino economía de recursos.  Las paredes de El Hierro son archivos sin papel, bibliotecas minerales donde se escribe la crónica de un pueblo que supo transformar la escasez en estructura, posibilidad y milagro. En esta isla la cultura y poética de la piedra no pertenece sólo al pasado porque es la mejor metáfora para entender la relación entre nuestra identidad y el territorio, un modo de estar que no impone, sino que construye con lo que hay.  Entender el lenguaje de las piedras es descifrar el alma de la isla.

Textos de muestra:
Alexis W

Fotografías proceso y obra:
Ampi Aristu

Fotografías inauguración:
Marcos de Paz